martes, septiembre 1, 2026
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El pueblo ya no aguanta más: las Edes, la factura que asfixia y el silencio que ofende

Por Licdo: Endy Jhoan Rosa, Politologo y Analista Politico.

Como dominicano veo con preocupacion lo que esta pasando en las calles, barrios y el pensamiento de todos los ciudadanos, desde el mas pobre hasta los mas ricos sin olvidar la clase media. porque se ha cruzado un limite que puede traer consecuencias.

Mientras el presidente del Consejo Unificado de las Empresas Distribuidoras de Electricidad (CUED), Celso Marranzini, insiste en que “no hay apagones, sino sobrecarga” y que los cortes nocturnos son solo “averías”, miles de familias dominicanas se acuestan sudando, con la nevera apagada y la factura en la mano temblando de rabia. Mientras el superintendente de Electricidad, Andrés Astacio Polanco, firma acuerdos de capacitación de técnicos y habla de modernización, Protecom sigue declarando “no procede” a la mayoría de los reclamos por facturación absurda.

La realidad que se vive en las calles no coincide con el discurso oficial.

Personas que pagaban 4.000 o 5.000 pesos de luz ahora reciben 12.000, 17.000, 25.000 y hasta 40.000 o 50.000 pesos. Hay testimonios documentados de locales vacíos con facturas de miles de pesos, de medidores nuevos que de la noche a la mañana registran consumos imposibles, de familias con salarios de 30.000 pesos que deben elegir entre comer y pagar la luz. Y cuando van a reclamar a Edeeste, Edesur o Edenorte, y luego a Protecom, la respuesta más común es la misma: “no procede”. Para no quedarse sin servicio tienen que pagar un porcentaje de esa factura que consideran injusta. Es un círculo perverso.

En el segundo trimestre de 2026 Protecom recibió más de 15.000 reclamaciones. Históricamente, cerca del 95 % de las quejas son por alta facturación. Edeeste lidera el ranking de reclamos. ¿Y qué pasa con esos expedientes? Muchos terminan archivados sin una inspección técnica real a ojos del ciudadano. La gente ya no cree en el proceso.

Mientras tanto, en Santo Domingo Este, Nagua, sectores de la carretera Sánchez, Monte Plata, Barahona y el Cibao, la gente está quemando gomas, taponando calles y gritando lo que las autoridades no quieren oír. Residenciales con 100 % de facturación reportan 12 y 16 horas diarias sin luz. La comida se daña. Los equipos se queman. Los niños no pueden estudiar. Los negocios mueren. Y la factura llega más cara.

Celso Marranzini habla de inversiones de 800 millones de dólares, de subestaciones intervenidas y de que el sistema está cambiando de raíz. Puede que sea cierto en el papel. Pero en la vida real de la gente de a pie, el cambio no se siente. El discurso de “es por el calor y el consumo” ya no convence cuando el mismo vecino, con los mismos aparatos, recibe una factura el doble o el triple de un mes a otro.

La clase media está ahogada. La clase baja está desesperada. Y hasta la clase alta está empezando a quejarse. El problema ya no es solo de los pobres. Es nacional.

¿Dónde está la Asamblea Nacional? ¿Dónde están los diputados y senadores que deberían defender al pueblo? ¿Dónde están los alcaldes? ¿Dónde está la oposición más allá de comunicados tibios? El silencio de casi todos es ensordecedor. Parece que el tema eléctrico es un territorio vedado, un poder paralelo al que nadie se atreve a confrontar de verdad.

Yo no soy ingeniero eléctrico. Soy ciudadano. Y como ciudadano tengo derecho a preguntar:

¿Por qué Protecom, que debería proteger al usuario, termina protegiendo el statu quo de las Edes?

¿Por qué un reclamo por facturación absurda casi siempre termina en “no procede”?

¿Por qué se cambian medidores sin la presencia del titular y luego la factura se dispara?

¿Por qué el pueblo tiene que pagar de más por un servicio que no recibe de manera estable?

Este no es un problema técnico. Es un problema de poder, de falta de voluntad política y de ausencia de empatía. Mientras los funcionarios hablan de “sobrecarga” y “inversiones”, el pueblo paga, suda, se endeuda y se indigna.

El límite se alcanzó. Las protestas no van a parar. Y si las autoridades siguen mirando hacia otro lado, el costo político y social será mucho más alto que cualquier factura eléctrica.

El pueblo dominicano ya no está pidiendo. Está exigiendo. Facturas justas. Luz estable. Y un Estado que deje de proteger a las Edes y empiece a proteger a su gente.

Porque si no lo hacen ellos, el pueblo lo va a hacer por su cuenta. Y esa es una factura que nadie quiere pagar.

solo queremos Menos beneficios para las eléctricas y tarifas justas para el pueblo.

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