viernes, marzo 6, 2026
spot_img

Mas Leidas

spot_img

Noticias Relacionadas

“El espejo que Paliza rehúye: la crisis moral que nace dentro del PRM”

Por Endy Jhoan Rosa

En política, la verdad casi siempre está más cerca de lo que aparenta. A veces está justo enfrente, pero quienes tienen el deber de verla prefieren desviar la mirada. Eso fue lo que hizo José Ignacio Paliza en su reciente intervención sobre la infiltración del narcotráfico en la política dominicana. Habló como dirigente, habló como ministro, habló como vocero. Pero no habló como presidente del partido donde el problema ha crecido, se ha hecho visible y ha golpeado con más fuerza en los últimos años.

Es fácil denunciar que “el narcotráfico busca penetrar la política”. Eso lo sabemos todos. Lo que ya no es tan fácil es admitir que esa penetración encontró terreno fértil dentro del PRM, y que muchos de los casos más escandalosos de los últimos tiempos han salido precisamente de ahí. No por maldad del partido en sí, sino por la forma improvisada, abierta y casi ingenua en la que se ha manejado su estructura interna.

El PRM se convirtió en una especie de “boca abierta”. Todo el que quería entrar, entraba. No había filtros, no había evaluaciones, no había un control serio del origen de los recursos que movían candidaturas en campañas locales. La consigna era “sumar”, llegar al poder, crecer, ocupar territorios. ¿Y qué ocurre cuando un partido abre sus puertas sin mirar quién cruza? Entra de todo: gente buena, gente trabajadora, aspirantes legítimos… pero también delincuentes con dinero fácil, estructuras con poder económico y figuras que buscaban respetabilidad política para lavar su imagen y ampliar su influencia.

Los casos están ahí, lamentablemente demasiado claros. Un diputado condenado en Estados Unidos por tráfico internacional. Una exdiputada procesada por lavado de activos dentro de una estructura familiar. Alcaldes y regidores solicitados en extradición o señalados en expedientes de redes criminales. Dirigentes mencionados en investigaciones de operaciones como Falcón o Calamar. Personas que financiaron campañas municipales y congresuales con dinero cuya procedencia cualquier dominicano reconocía a simple vista. Y nadie dentro de la estructura del partido lo advirtió. O peor: lo advirtió, pero decidió ignorarlo.

Eso debió ser el centro del discurso de Paliza. No advertirle al país sobre un peligro externo, sino reconocer la grieta interna. Porque si hay un partido en la República Dominicana que hoy tiene condenados, pedidos de extradición, procesados y congresistas vinculados a investigaciones judiciales, ese partido no es el PLD ni la Fuerza del Pueblo ni el PRD: es el PRM. Y si el presidente del PRM quiere hablarle a la nación con autoridad moral, debe empezar por su casa.

La actitud de “todos lo han hecho” o “eso viene de lejos” puede servir como excusa superficial, pero no como respuesta seria. La diferencia es que, en los otros partidos, los casos fueron anteriores y en su mayoría quedaron como parte del expediente oscuro de su historia. En cambio, los casos del PRM están activos, recientes, visibles, con condenas firmes o procesos abiertos. La diferencia no es de tiempo: es de coherencia. El PRM llegó al poder prometiendo ser diferente, y en cambio repitió errores estructurales de los mismos partidos que criticó.

Y si Paliza quiere recuperar parte de esa credibilidad perdida, entonces debe responder una pregunta que él mismo ha evitado:
¿Por qué no propone una reforma interna profunda en el PRM?

Una reforma que permita, por ejemplo, que cada persona que aspire a ingresar al partido sea cuestionada sobre el origen de sus recursos; que quien llegue con dinero excesivo, con fama pública dudosa o con rumores persistentes sea investigado por una comisión interna seria; que cualquier dirigente que aparezca en un proceso judicial sea suspendido automáticamente hasta que el caso concluya; y que quien resulte condenado por narcotráfico, lavado, corrupción o soborno sea expulsado de manera definitiva y sin privilegios.

Eso no es persecución política: es simple decencia.

Y es lo mínimo que se espera de un partido que hoy controla el Estado, que administra los recursos del país y que exige respeto institucional mientras guarda silencio frente a sus propias grietas. Porque la política dominicana, para sanarse, tiene que empezar por la autocrítica. El PRM no puede pretender dar lecciones de integridad mientras se rehúsa a ordenar su propia casa.

Lo más triste es que los ciudadanos ya no se sorprenden. La gente sabe. La gente ve. La gente escucha. El dominicano común puede no tener doctorados en ciencias políticas, pero reconoce perfectamente cuándo un dirigente habla para justificar y cuándo habla para asumir. Y lo que vio esta vez fue lo primero: un discurso que quiso advertir sin reconocer, que quiso señalar sin asumir, que quiso moralizar sin practicar.

Los partidos políticos, como las personas, tienen momentos en que deben enfrentarse a su propia sombra. El PRM está justamente en ese punto. Y mientras su dirigencia siga evitando ese espejo, la sombra crecerá. No porque el narcotráfico sea más fuerte, sino porque el silencio interno lo permite.

Si el partido quiere recuperar credibilidad, tiene que comenzar por donde siempre debió empezar: por adentro. Por cerrar la puerta a quienes nunca debieron entrar. Por examinar a quienes están adentro y no han sido cuestionados. Por reconstruir su estructura con criterios morales y no con conveniencias electorales. El país no necesita discursos de advertencia. Necesita decisiones valientes.

Porque al final, el verdadero peligro de la narcopolítica no es que intente entrar: es que encuentre puertas abiertas. Y en estos años, lamentablemente, las encontró.

Please follow and like us:
Pin Share
Share on:

Articulos Populares

spot_img