Por: Endy Jhoan Rosa
En el escenario geopolítico actual, las guerras no se limitan a sus fronteras. Los conflictos entre grandes potencias y sus aliados generan ondas de choque que llegan a economías distantes, obligando a países no involucrados a asumir costos indirectos pero muy reales. La reciente escalada en Oriente Medio —con ataques conjuntos de Estados Unidos e Israel contra Irán, represalias iraníes que han afectado el tráfico en el Estrecho de Ormuz y la muerte del líder supremo Alí Jamenei— ilustra cómo una crisis a miles de kilómetros puede impactar directamente la vida cotidiana en la República Dominicana.
En los últimos días, los mercados internacionales han reaccionado con fuerza. El precio del petróleo Brent (referencia global) se disparó hasta un 13 % en las primeras jornadas, alcanzando picos de 82,37 dólares por barril —su nivel más alto desde enero de 2025—, antes de moderarse alrededor de los 78-84 dólares. El WTI (referencia para América), por su parte, subió más del 10 % en momentos clave, superando los 75 dólares. Analistas advierten que, si las interrupciones en el Estrecho de Ormuz (por donde transita cerca del 20 % del petróleo mundial) persisten, el barril podría escalar hacia los 90-100 dólares o más, según proyecciones de firmas como Citi y Energy Aspects.
El petróleo no es solo un insumo: es el eje del sistema económico moderno. Cada incremento significativo en su precio eleva los costos de transporte, producción industrial y generación eléctrica, trasladándose finalmente a los consumidores en forma de inflación. Estudios históricos indican que por cada 10 dólares adicionales en el barril, la inflación global puede aumentar hasta 0.4 puntos porcentuales. Para economías importadoras netas de energía como la dominicana —que depende casi totalmente del petróleo extranjero—, el efecto es inmediato y sensible: encarece los combustibles, la electricidad, el transporte público y privado, y buena parte de los alimentos procesados y bienes básicos.
En la República Dominicana, el impacto ya se siente. Economistas locales estiman que por cada dólar adicional en el precio del crudo, la factura petrolera nacional crece en torno a 78 millones de dólares anuales. Con alzas recientes de 10-20 dólares en el barril respecto a las proyecciones presupuestarias (que estimaban alrededor de 47 dólares), el sobrecosto podría superar los 800-1,600 millones de dólares en un año. Esto presiona las finanzas públicas, aumenta la necesidad de subsidios y amenaza con elevar la inflación y desacelerar el crecimiento proyectado para 2026.
Pero los efectos van más allá del petróleo. La incertidumbre geopolítica fortalece el dólar como activo refugio, encarece las importaciones y genera cautela en los inversionistas. Para un país dependiente del turismo, las remesas y el comercio exterior, esto puede traducirse en menor flujo de divisas, presión cambiaria y menor dinamismo económico. El sector empresarial ya ha alertado sobre posibles alzas en logística y costos operativos.
Frente a una crisis internacional que escapa a nuestro control, ¿qué puede hacer el gobierno dominicano? Aunque no influya en los conflictos globales, sí cuenta con herramientas para mitigar el daño interno:
- Fortalecer los mecanismos de estabilización de precios de combustibles, como los subsidios ya aplicados esta semana (RD$188 millones para mantener estables la gasolina regular, gasoil y GLP, evitando traslados inmediatos al consumidor).
- Acelerar la diversificación energética, invirtiendo con decisión en renovables (solar, eólica y otras fuentes) para reducir la vulnerabilidad a las importaciones de crudo.
- Reforzar la resiliencia macroeconómica: acumular reservas internacionales, mantener prudencia fiscal, diversificar socios comerciales y preparar escenarios de estrés en el Presupuesto.
La historia demuestra que las guerras se libran no solo con armas, sino también en los mercados, las monedas y los bolsillos de la gente común. En un mundo hiperconectado, la estabilidad de una economía pequeña como la nuestra depende de anticipar —y no solo reaccionar— a los choques externos. Ignorar estos riesgos sería un error estratégico; prepararse con políticas proactivas y transparentes es la única forma responsable de proteger el bienestar de los dominicanos ante tormentas que se forman muy lejos de nuestras costas.
El gobierno ha mostrado disposición a actuar (como con los subsidios actuales), pero la magnitud de la crisis exige medidas más estructurales y urgentes. Porque cuando el precio de la gasolina o la canasta familiar sube por un conflicto ajeno, el verdadero costo lo pagan las familias de a pie.

