jueves, marzo 5, 2026
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Carta abierta al señor Presidente de la República Desde la voz de una juventud que aún sueña

Señor Presidente,

Le escribe un joven dominicano, estudiante universitario. No desde una oficina con aire acondicionado ni desde un apellido influyente, sino desde un pueblo del interior, desde la experiencia de quien tuvo que venir a la ciudad con sueños, ideas y esperanza en que este país podía ser distinto. Le escribe alguien que creyó. Y hoy, como muchos, empieza a preguntarse en qué nos hemos convertido.

Esta carta no nace del odio, nace de la preocupación. Nace del cansancio colectivo de una juventud que ve cómo la corrupción sigue siendo protagonista, cómo el dinero público se administra con desorden o descaro, y cómo las promesas de cambio terminaron pareciéndose demasiado a los vicios del pasado.

Cuando el PRM era oposición, reclamaba con fuerza lo que hoy parece tolerar. Denunciaba la corrupción, exigía transparencia, hablaba de ahorro, de ética y de un nuevo modo de hacer política. Hoy, desde el poder, muchos de esos discursos se han diluido entre escándalos, incoherencias y silencios incómodos. Y eso duele, porque no se trataba solo de ganar unas elecciones, sino de honrar una esperanza nacional.

Pero esta indignación no es selectiva, señor Presidente. También va dirigida a la oposición tradicional: al PLD, a la Fuerza del Pueblo y a otros partidos que han hecho del Estado una caja chica, que se reciclan en discursos mientras cargan un largo historial de corrupción, impunidad y saqueo del erario. No pueden presentarse como alternativa quienes ya demostraron que gobernaron para sí mismos y no para el pueblo.

La juventud observa con rabia cómo se habla de reformas, de sacrificios, de apretarse el cinturón, mientras los partidos políticos reciben millones de pesos del presupuesto nacional. ¿Cómo se le pide austeridad al pueblo cuando la política sigue siendo uno de los negocios más costosos y menos transparentes del país? ¿Cómo se habla de ahorro mientras se protege un sistema que premia la ineficiencia y la corrupción?

Señor Presidente, el dinero no alcanza. No alcanza en los barrios, no alcanza en los hospitales, no alcanza en las escuelas, no alcanza para los medicamentos ni para las calles. Y no alcanza porque se lo están robando. Porque se diluye entre contratos dudosos, privilegios injustificables y una cultura política que normalizó lo que debería indignarnos todos los días.

Esta generación está cansada de elegir entre el joven incoherente que traiciona lo que reclamaba y el viejo político que roba sin pudor. Estamos cansados de discursos bonitos y resultados pobres. Estamos cansados de que se nos pida paciencia mientras el país se desangra lentamente.

Por eso hoy le decimos: escúchenos. Escuche a la juventud que aún cree, pero que está perdiendo la fe. Escuche al pueblo que ya no confía ni en gobierno ni en oposición. Porque cuando no se escucha al pueblo, la calle termina hablando.

No queremos violencia, pero tampoco silencio. Queremos transparencia real, consecuencias para los corruptos, reducción del gasto político y un Estado que ponga al ciudadano por encima de los partidos. Queremos un país donde soñar no sea un acto ingenuo, sino una posibilidad.

Aún estamos a tiempo. Pero el tiempo se agota.

Atentamente,
Un joven dominicano que no quiere rendirse,
pero tampoco seguir siendo engañado.

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